
Pobre Luna.
Tanta responsabilidad.
Todo lo bueno y todo lo malo.
Le atribuimos tantos efectos a nuestra vida.
Le echamos la culpa de tantas cosas.
La marea, la menstruación, los cortes de pelo, los hombres lobo, la hechicería, el humor de tu vecina loca.
Tiene que haber algo que la Luna no afecte.
Creemos que ella nos tiene sometidos, pero…
¡Dejémosla en paz!
Démosle un día libre.
Mandémosla a un spa.
Escribámosle una carta para agradecerle por su belleza y su luz.
Menos “me pegó la luna”.
Y más “Luna, ¿cómo te pagamos?”
O quizá le dejamos abrirse una cuenta de redes sociales.
Seguramente si se encuentra con Mercurio Retrógrado,
se sentirá menos sola.
Foto original: Altınay Dinç
Próximo disparador:
¿Qué se cuece? Tu personaje observa al hibachi chef preparar su comida, pero hay algo… raro. ¿De qué se trata?
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