
“El menor de dos males” es una frase que, principalmente los latinoamericanos, utilizamos en época electoral. Esto no necesita mucha explicación, ¿cierto?
Por otro lado, “El menor de los males” es, aparentemente, el nombre del técnico que vino a casa a reparar el piano.
Al llegar me entregó una tarjeta de presentación y, la verdad, pensé que era parte del protocolo de la compañía para que uno se quede con el contacto, lo pegue en la nevera, qué sé yo. Ni siquiera la vi muy bien. Pero luego de que el técnico terminó, revisé la reparación (que por cierto quedó perfecta), le pagué y se retiró, fue cuando detallé la tarjetita que había quedado sobre el mesón. Era color cobre, totalmente lisa, una textura parecida al papel aluminio. En blanco, en el medio:
EL MENOR DE DOS MALES
Y un pequeño símbolo. Mínimo. Me pareció entender que era un dibujo simple, en trazos muy finos, representando un avión de papel. Más nada. Ni un número de teléfono, una dirección de correo, un código QR. Nada. Me pareció una estupidez, si acaso un chiste de la compañía dirigido a otro público que no era yo, porque obviamente no lo había entendido. Boté la tarjeta.
En la noche, claro, no lograba dormirme. No soy una persona ansiosa, jamás he sufrido de insomnio, así que me costó entender por qué no conciliaba el sueño hasta que encontré, como un hilo fino en una madeja, el pensamiento que me perturbaba. La bendita tarjeta.
Mi cerebro batallaba, me decía que realmente no tenía importancia, que no estábamos interesados. Pero otra parte de mí insistía, sin resignarse a no entender, o por lo menos a no intentar obtener una mínima justificación.
Busqué en internet “El menor de dos males” y, como esperaba, no me salió nada particular. Diccionarios, letras de canciones, artículos sobre ética, sobre la guerra, sobre, precisamente, política. Avancé en las búsquedas y nada me daba la impresión de corresponderse con la tarjeta. Cerré todo. Estaba cansada, solo quería dormir. Busqué un cognac, lo bebí de un trago a pesar del calor, y volví a acostarme. Transité algunas ensoñaciones superficiales y me volví a despertar. En seguida el recuerdo de la tarjeta se encendió en mi mente. Bajé a la cocina a buscarla en la papelera. No había pasado nada místico con ella, era el mismo cartón color cobre. En la impresión, la punta del avioncito tocaba la esquina de la E en MENOR. Esto me dio una idea.
Volví a la computadora y tipeé: “El mayor de dos males”. Los resultados fueron similares a los de la búsqueda anterior, por supuesto. Igual ya estaba cansada, revisando las distintas páginas más por inercia que por interés. Este asunto de verdad no me importaba, solo que por alguna razón una parte de mi cerebro había decidido obsesionarse con esto.
Y entonces lo vi. En la página doce de mi búsqueda, hacia el final, un sitio llamado “EL MENOR DE DOS MALES” (aunque yo había buscado lo contrario). El pequeño avión de papel, como un logo, acompañaba el título.
Me espabilé de golpe.
Hice clic.
Foto original: Daria Nepriakhina
Próximo disparador:
Luna llena. La luna llena aparece en el cielo. ¿Qué efectos tiene abajo en la Tierra?
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