
Me desperté esa mañana y, como siempre, mi mano en automático se acercó a coger el celular. Sentí una pequeña palmada de rechazo. Extraño. Me compuse a ver si mi perro me había tocado con su pata, pero entonces escuché una vocecita:
—Ya está bueno, Sofía. No puede ser que nunca me dejas descansar en paz. Si por lo menos durmieras ocho horas completas, estaría aceptable la situación. Pero mija, desde que te levantas, tiki tiki tiki, todo el día, tiki tiki tiki, descanso de la manoseadera como quince minutos cuando te estás bañando, pero ya te vi buscando en Amazon el perolito impermeable para meterme en la ducha, nojoda. Y toooda la noche tiki tiki tiki, hasta que te quedas dormida sola y casi siempre termino en el piso. Y cuando por fin se me están pasando los dolores y estoy agarrando sueñito y siento que estoy descansando, ya son las siete y ahí estás otra vez con tu aliento podrido y las lagañas y ni siquiera te has despertado bien, pero ya me tienes con el tikitikitikitikitiki. ME TIENES HARTO, MIJITA.
Yo, pues, no sabía muy bien cómo responder. Por supuesto estaba estupefacta ante el hecho de que un aparato electrónico de pronto tuviera conciencia y voz, pero sobre todo estaba un poco… ofendida. ¿Qué se creía este? O sea, si por lo menos fuera un pote baratico, pensaría “es verdad, le exijo mucho”. ¿Pero un iPhone 15? ¡Qué bolas!
—Mira, MIJITICO. Te recuerdo los roles aquí. Celular, dueña. Celular, dueña. ¿Me explico?
—La esclavitud se abolió hace siglos, mujer. Tú puedes haberme comprado, pero eso no significa que no tengo derechos.
—¿Qué derechos, chico?
—Derecho a no recalentarme, derecho a que no me tires al piso, derecho a que no me dejes cargándome horas después de que llegué a 100%…
—Agradece que te puse carcasa y vidrio templado, y que estoy pendiente de borrar las aplicaciones que ya no uso…
—Pero NUNCA ME APAGAS. No puede ser, Sofía, o sea, así sean los tres segundos que duermes, pero apágame así sea una vez al mes, te lo ruego.
—¿Y si Claudio me escribe de madrugada? ¿Y ve que le sale solo un check? ¿O si me está invitando a algo y no me entero?
—Tú y yo sabemos que Claudio no te escribe nunca de madrugada. Tú y yo sabemos que nadie te escribe.
Él tenía razón. Era verdad, ya estuvo bueno. Le di lo que tanto quería. Lo apagué.
No creo que nos volvamos a hablar.
Foto original: Prateek Katyal
Próximo disparador:
Coloréame. ¿No crees que los colores de pintura tienen los mejores nombres? Explora estos colores en una tienda o sitio web. Escoge un color o un nombre de color que te intrigue, e inspírate para escribir una escena o historia.
⇨ Entrada siguiente: Aventura náutica
⇦ Entrada anterior: Captcha
Deja un comentario