
Pocas veces en mi vida estuve tan orgullosa de Luisana como ese día. Llegó de la escuela y, con toda su calma, me entregó la nota para que la firmara. El papel explicaba que habían tenido que llevarse a Luisana al salón de detención por “mala conducta, hizo que fuese imposible dar la clase”. Y la firma de la profesora, una N con un garabato ilegible.
Quise que Luisana me diera detalles, pero no para que se justificara. Quería saber qué tan elegante había sido en su mala conducta, o si más bien había sido una alborotadora corriente. No importaba mucho, la verdad era una curiosidad sin expectativas.
—Yo no hice nada malo, mamá. Primero solo estaba hablando con Erika, pero la maestra estaba ensañada conmigo aunque otros también estaban hablando. Luego nos pusieron a trabajar en pareja y Erika y yo estábamos hablando en chino. Hicimos los ejercicios, pero a la maestra no le gustaba, quería que habláramos solo español, creo que pensó que estábamos hablando de ella. Yo después me levanté, no estaba haciendo nada, solo quería estirar las piernas, pero la maestra se puso histérica. Me mandó a sentar y gritó que no iba a dar la clase hasta que yo no me quedara sentada. Ahí me cansé, mamá. Y bueno, me senté y ella se puso a escribir en la pizarra y me levanté otra vez hasta que me vio y me regañó, y así estuvimos… Me gritaba histérica, yo me sentaba, y cada vez que se volteaba me volvía a levantar y me ponía de pie en un lugar diferente del salón. Mis compañeros se estaban riendo. Ella me expulsó, pero parece que igual no pudo dar la clase, se desesperó, se puso a llorar, no sé.
Me sonreí, satisfecha. Ciertamente había algo de elegancia en la manera de mi hija de generar tormento.
Hace cuarenta años, Nancy era profesora de segundo, no de sexto. Fue un año difícil para mí, nunca podré recordar si lo fue por alguna razón externa al colegio y Nancy simplemente no supo cómo ser empática con su alumna, o si fue su ensañarse conmigo lo que lo hizo un año difícil.
Yo no me caractericé nunca por mi mala conducta. Tampoco era necesariamente la que mejor me portaba, solo digamos que estaba bastante lejos de ser el elemento de discordia en mi salón. Pero por alguna razón ella no me soportaba. Le parecería muy bruta, o muy inteligente, o que mi mamá no me arreglaba a su gusto, o le recordaría a alguna otra niña que le hizo la vida imposible, qué sé yo. Y menos qué iba a saber yo a los ocho años.
Nancy solía mandarme a callar cada vez que abría la boca, me hablaba de forma severa sin justificación, no me prestaba atención cuando me parecía que alguien me había robado algo o si me fastidiaban, todas mis faltas eran castigadas de forma desproporcionada o de plano injusta respecto a como castigaba a los demás. Y un día, inexplicablemente, descubrí en medio de la clase que una cucaracha se había metido en mi bolso. Grité (no que no gritaría ahora a los 46, pero recordemos que tenía OCHO añitos). Nancy asumió de inmediato que yo solo buscaba llamar la atención, sabotear la clase. Yo lloraba y le trataba de explicar lo de la cucaracha y el bolso, y a ella la solución más pedagógica que se le ocurrió fue expulsarme del salón y voltear mi bolso ahí en la puerta, para que se salieran la cucaracha y todas mis cosas, y yo ya la dejara en paz.
No sé si todo el mundo tendrá recuerdos de la primera vez en su vida que sintió odio. Por eso, cuando a comienzos del año escolar Luisana me comentó sobre la profesora que le había tocado, en vez de alarmarme, decidí verlo como la oportunidad de cerrar un ciclo, uno que a estas alturas ni sabía que tenía que cerrar. Mi hija se encargaría, así fuese por el hecho de ser más grande, más entera, más segura, mejor que yo en todo sentido.
Después de tantos años y cientos de alumnos, Nancy no debe acordarse de mí ni remotamente. Pero me satisface pensar que a Luisana no la va a romper. Que algo en ella le recuerda a alguien que no logra ubicar, que la saca de quicio.
Foto original: Element5 Digital
Próximo disparador:
La resolución. Escribe una escena o una historia que incluya a un personaje confrontándose a la decisión de hacer un gran cambio en su vida.
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