,

Hansel, Gretel y la angustia vital

Reescribir un cuento de hadas

Una casita hecha de galleta de gengibre

Cuando Hansel y Gretel, hambrientos, llegaron a la casita de dulce, Hansel aulló de emoción. Gretel, sin embargo, se echó a llorar.

“¿Qué pasa?”, le dijo Hansel.

Gretel comenzó por explicarle que, a pesar del hambre que llevaba, no podía comer nada de eso porque evidentemente eran puros carbohidratos y azúcar, y ella no podía darse el lujo de engordar porque muy pronto, quizá en unos meses, cuando cumpliera 14 años, ya tendría que ponerse a buscar marido, y no importa si estamos en el siglo XVII o en el XXIII, todo el mundo sabe que a una mujer gorda le es más difícil encontrar marido y ni ella ni la familia con el negocio al borde de la quiebra están como para ponerse las condiciones más difíciles, pues, así que mejor tratar de mantenerse lo más estéticamente potable posible, así se muriera de hambre.

Hansel, a su vez, se puso a llorar y le dijo que, si iban a hablar de expectativas paralizantes, pues que qué le parecía que él muy pronto, en apenas semanas, iba a comenzar a trabajar en el negocio, obviamente con toda la intención de que salvara la empresa y, quizá en un año, él ya se ocupara de la totalidad de las operaciones y sobre todo de mantenerlos a todos, porque su papá ya era un viejo de 32 años y quería retirarse, y la verdad Hansel solo quería ser artesano, hacer figuritas de barro para venderlas en el mercado y llevar una vida simple y frugal.

Se desanimaron tanto mutuamente que se les quitó el hambre y siguieron vagando por el bosque, con la esperanza de nunca encontrar el camino de regreso a casa.

Foto original: StockHolm


Próximo disparador:

Confusión escolar. El hijo de tu personaje regresa a casa con una nota de castigo para firmar, pero tu personaje no está enojado. ¿Cuál es el motivo de que no esté molesto con su hijo por haberse metido en problemas en la escuela?


⇨ Entrada siguiente: ¡Taima!

⇦ Entrada anterior: Lágrimas de cocodrilo

Deja un comentario