
¿Basta con inventar una palabra para invocar lo nombrado a este mundo?
¿Es suficiente definirse para existir?
Quizá de ahí nuestra obsesión con mostrarnos exitosos procurando que, al lanzar ese concepto, como un conjuro en el universo, se produzca de forma irremediable nuestra transformación en esa gran persona con grandes logros y grandes proyectos y un gran futuro.
¿Aplicaría también a conceptos abstractos? En definitiva, no tenemos que tocar la libertad para saber que existe y cómo se siente. Mucho menos tenemos que oler la democracia y, para algunas personas, siquiera ver a Dios para entender qué son y dónde están. Y dónde no están.
Imaginemos entonces que el mundo funcionara como en esas historias, entre el mito y lo pop, en que dices un nombre tres veces y lo nombrado aparece. Inventemos una palabra que se refiera a lo que más deseamos. En mi caso, un estado de sólida estabilidad personal, económica, contextual, migratoria, como una completa plenitud. Se llamaría complenitud. Y entonces basta con decírselo a uno mismo tres veces: estoy compleno, estoy compleno, estoy compleno, para olvidarse de todos los problemas.
Tengo amigos que buscarían una fórmula lingüística para integrar en una sola palabra mágica “amor correspondido”, “juventud eterna”, “padres que nunca enferman ni envejecen”, “ganarse la lotería sin comprar el billete”, “experticia sin estudiar”. Al final, supongo que muchos de nuestros deseos bien pudieran ser posibles, si tan solo quisiéramos hacer el esfuerzo… Con otros, solo queda decidir en qué punto ubicarse entre la esperanza y la resignación.
¿Tú qué palabra inventarías?
Foto original: DragonImages
Próximo disparador:
Bueno, eso fue vergonzoso… Escribe una escena o historia que explore el momento más vergonzoso de tu personaje.
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