Crujiente

Un personaje que come cereal

Vista cercana de aritos de cereal.

Cuando estaba en la universidad, solía llegar de primero a clase, probablemente por ser el que vivía más lejos. Los martes tocaba Estadística a las siete de la mañana, así que yo ya estaba allí a las seis y media. Una chica siempre era la segunda, pero por mucho. Pasaban unos buenos minutos hasta que empezaban a entrar los demás compañeros y luego aparecía la profesora.

Así que, cada martes, ella entraba, se sentaba en su pupitre, y tomaba de su morral una bolsa Ziploc que, en lugar de llevar dentro un sándwich, estaba llena de cereal. Ella lo sacaba con la mano, se lo comía como si fuesen cotufas y el sonido crunch crunch llenaba todo aquel salón silencioso y casi vacío. Al terminar, guardaba la bolsita vacía. ¿La reutilizaría, sería siempre la misma bolsita plástica? En cualquier caso, siempre lograba terminar de comer antes de que llegara alguien más.

Nunca hablaba en el salón y, apenas terminaba la clase, recogía sus cosas y se iba. Jamás la vi en ningún otro lugar de la universidad, nunca coincidimos en ninguna otra materia. Por mi parte, en esa clase en particular ni hice amigos ni le tuve la confianza a nadie para preguntar si la conocían o si la habían visto comer cereal.

Y ahora, una década después, cada mañana, al servirle el cereal a mis hijos, la recuerdo y me pregunto qué será de su vida.

Foto original: Etienne Girardet


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