
Mi nombre es Ruthie y soy una hechicera. Bueno, una bruja, está bien. Aunque prefiero hechicera, me parece que describe mejor el talento y el oficio de hacer hechizos y usar la magia en general. Y, bueno, no sé volar en escoba. De cualquier modo, es políticamente incorrecto asumir tales cosas sobre nosotras, las brujas no somos un estereotipo. Ni modo. Tengo que endurecerme. Lo que me espera es la vida adulta.
Nací en Seltú, la misma pequeña ciudad donde nacieron mis padres, y mis abuelos, y sus padres y sus abuelos antes que ellos, y básicamente toda la gente que conozco. Está de más decirlo: toda la gente que he conocido en mi vida también son hechiceros. Y en Seltú tenemos una sobreoferta de hechicería. Por eso decidí irme. Ni siquiera estuve entre los mejores de mi clase, así que mi futuro laboral luce bastante negro en una ciudad de por sí tenebrosa.
Quise venirme a la capital porque no hay mucha gente que haga lo mismo que yo, por lo menos no de verdad. Muchos “charlatanes”, me parece que así les dicen. Yo ofreceré mis servicios, los encantamientos que mejor domino: crear ilusiones visuales, hacer que los objetos tengan vida, reparar cosas, generar microclimas, producir enamoramientos leves, quitar enamoramientos fuertes, etcétera.
Podría producir dinero, para mí y para los demás, pero por alguna razón en nuestro código mágico lo tenemos prohibido. Así que no me queda otra sino trabajar.
Lo que nadie me avisó es que, no importa qué tanto domine cientos de hechizos, ningún tipo de magia me está ayudando a conseguir un departamento decente. Inodoros en el balcón, habitaciones en las que solo cabe la mitad de una cama, la ducha en el comedor, ventanas sin vidrios, cocinas sin fregadero.
Una posibilidad era escoger lo mejorcito y hacer algunas modificaciones con magia, pero me han dejado muy en claro que, como inquilina, no tengo permiso por ley para hacer ninguna modificación estructural. Vamos, ni siquiera tengo permiso de clavar un clavo para colgar un cuadro.
Finalmente logré arrendar lo que llaman un “departamento estudio”, es decir, algo parecido a la habitación de un hotel de mala muerte, con una kitchenette junto a la puerta del baño junto a la cama junto al escritorio junto a la puerta del “departamento”, y ya estuvo. Es un cuarto glorificado. La única ventana es un tragaluz que apunta hacia el este, sin cortinas, de manera que a las seis de la mañana ya todo está irremediablemente iluminado. Por lo menos, esto último se resuelve fácilmente con un hechizo de oscuridad sin alterar la estructura del “departamento”.
Ya establecida allí, utilizo algunos hechizos básicos de diseño gráfico para hacer volantes promocionales.
¿Problemas de amor? ¿Problemas en el trabajo? ¿Problemas en casa?
¿O sin problemas, pero igual necesita una mano mágica?
Ruthie, encantadora profesional
Llame al 999 666 9696
Sí, yo sé. Ninguna magia me va a convertir en buena publicista. Pero una vez me convencen las letras y los colores, levito hasta el tragaluz y hechizo los papeles para que vuelen por sí solos y se peguen a todos los postes en un kilómetro a la redonda. Qué maravilla, me digo. Mi primer día ha sido increíblemente productivo. Lo demás viene solo, así que me siento a esperar a que suene el teléfono mientras practico un hechizo complejo para aumentar el espacio interno del “departamento” y generar por lo menos un armario donde guardar mis cosas.
Pasan los días y cada vez que suena el teléfono es algún hombre, generalmente mayor, preguntando por los servicios de la “mano mágica” y, bueno, colgando decepcionados cuando entienden qué es lo que yo realmente estoy ofreciendo. De resto, nadie parece interesado, nadie me llama.
Les pido consejo a mis amigos en Seltú y me dicen que todo el mundo sabe que en la ciudad nadie presta atención a los volantes en la calle, que nadie se promociona así, que tengo que hacer publicidad en redes sociales y empezar a “generar contenido” donde se pueda verme haciendo los hechizos para “establecerme como una autoridad” y de ese modo “fortalecer mi marca personal”. No estoy muy segura de cómo se hace nada de eso, por lo que no sé bien cómo construir un hechizo que me ayude a ejecutar esas tareas. Sin embargo, quiero que este proyecto de adultez funcione, así que dejo de lado mi entrenamiento con el hechizo crea-espacio y comiezo a estudiar cómo se “genera contenido” y qué es una “marca personal”.
Un par de semanas después, ya entiendo lo que tengo que hacer. Lo que no logro es diseñar hechizos que se traduzcan a la interfaz digital. Mi magia puede manipular toda la materia sobre el planeta, puede jugar con el tiempo, puede manipular a las personas, pero no puede automatizar una publicación en TikTok. Yo puedo generar películas enteras en celuloide con solo recitar las palabras correctas, pero crear un video digital para subir a las redes solo resulta en celulares colapsados y laptops fundidas.
Mis amigos me aconsejan que busque la ayuda de alguien “especialista en redes sociales” o “community manager” o algo así. Entrevisto a un par de “freelancers” (creo que se escribe así) para el rol y, una vez que encuentro a Luis, un profesional que me convence de su talento, lo hechizo de manera que, dos días a la semana, entra en trance, viene al “departamento” a trabajar, es decir, a concebir la programación, grabarme haciendo encantamientos, editar los videos, escribir los textos y programar todo en mis redes @ruthielahechicera, y se regresa a su casa, donde sale del trance sin entender qué le ha pasado. Esa dinámica funciona por un par de meses, hasta que empieza a preocuparse por las lagunas mentales tan frecuentes y comienza a verse con un neurólogo que no le encuentra nada malo, por lo que quiere hacerle resonancias magnéticas y hacerle una serie de exámenes más especializados para poder hacer un diagnóstico, pruebas que obviamente Luis no puede pagar porque entre las lagunas mentales, las visitas al médico y la angustia, no logra trabajar ni generar ingresos. Todo esto me lo cuenta mientras trabajamos, y la verdad me lo dice hasta con humor. Solo que, obvio, al irse de aquí ya no recuerda absolutamente nada. Una lástima, nos estamos haciendo amigos. Y bueno, yo medio comienzo a cuestionarme las implicaciones morales de hechizar a alguien para que trabaje gratuitamente para mí y que aparentemente el hacerme ese favor le está arruinando totalmente la vida. Así que, con mucho dolor por el crecimiento constante de mis redes y por ese retoño de amistad que estamos creando, deshechizo a Luis y lo dejo regresar a casa.
¿Es que no hay ninguna manera de que mi magia me ayude a conseguir trabajo?
Cualquiera pensaría que he aprendido algo de Luis en los meses en que trabajamos juntos, pero la verdad cuando comencé a investigar sobre “redes sociales” encontré en YouTube un video sobre videojuegos, materialicé un Nintendo Switch y me he pasado el resto del tiempo jugando. Nunca presté un gramo de atención a lo que Luis estaba haciendo.
Lo que sí ocurre es que el teléfono comienza a sonar.
Foto original: Julia Arte
Próximo disparador:
Letras mal escuchadas. Piensa en algunas de las letras de canciones que has escuchado mal a lo largo de los años. Elige tu favorita y utiliza estas letras mal escuchadas como título de una nueva pieza de escritura creativa. Escribe una historia, escena o poema basado en este título.
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