
¿Por qué, siempre que se habla del pasado, a este se le posiciona detrás?
El pasado se mira para atrás.
Y si miras hacia atrás lo suficiente, puedes ver tu primera fiesta de cumpleaños (o la primera de la que te acuerdas), tu helado favorito de la infancia, a la maestra Evelyn regañándote por altanera, a Rodrigo cuando te regaló una Bon Bon Bum y se convirtió en tu primer enamoramiento, a tus amigas en las competencias deportivas del bachillerato, a Alberto el profesor de Historia Occidental que era tu amor platónico y ya luego no fue tan platónico y tuvieron la mala idea de creerse en confianza en una fiesta con los amigos y les tomaron una foto que se hizo viral por ser profe y sobre todo por ser veintidós años mayor y a Alberto lo despidieron y lo dejó la mujer pero lo peor de todo fue que se enteró tu papá y no quiso que regresaras ni a la universidad ni a ningún sitio afuera de la casa más nunca porque si así eras con apenas dieciséis quién sabe qué ibas a hacer a los veinte y aunque ni quedaste embarazada ni te pasó nada que te desgraciara la vida para siempre y luego pudiste terminar tus estudios y trabajar y tener relaciones de pareja funcionales y ser relativamente exitosa en un mundo en el que objetivamente se puede decir que el éxito ya no existe nunca pudiste librarte de cierto deslustre en los ojos de los demás y en los tuyos propios.
Así que, para algunos, el pasado queda hacia el frente. No logran voltear; no les hace falta, tampoco. Solo se saben caminando hacia los errores ya cometidos, cada paso más cerca de la muerte que es el retorno definitivo.
Foto original: freestocks
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