
Por supuesto que estoy en la ducha cuando veo, un par de kilómetros más allá, el viento enroscándose con violencia.
¿Me daría tiempo de sacarme el shampoo? ¿De ponerme acondicionador, por lo menos? El tornado está aún lejos. Quizá hasta podría secarme el cabello. Si vamos a terminar en un refugio, por lo menos me verán con el pelo liso y no con esta maraña enrulada que me hace parecer una secretaria de los 80s. El amor aparece en los lugares más inesperados, eso me dicen siempre, así que quién quita que entre los tantos ajustes en la vida que implica quedarse sin casa tras la destrucción del pueblo por un tornado, pues uno más de esos cambios sea que encuentre al amor de mi vida. Allí, quizá cruzaremos miradas mientras nos entregan frazadas de donación. Hablaremos por primera vez para preguntarnos algún detalle sobre las raciones de comida; él dirá algo gracioso y me hará reír. Trataremos de no alejarnos mucho el uno del otro, pero sin dejar de lado la timidez, la desconfianza. Luego, ir cayendo en cuenta de nuestra pérdida común nos acercará. Nos consolaremos mutuamente. Él tratará de ocultarme sus lágrimas, y yo le daré la seguridad para mostrarse vulnerable. Él jurará protegerme. Haremos planes para reconstruir nuestra vida, como amigos. Hablaremos casualmente de compartir una casa, de sembrar un huerto, y poco a poco, sin darnos cuenta, comenzaremos a soñar con unos niños, unos gatos, una familia. Así que definitivamente tengo que secarme el pelo si quiero causar una buena impresión entre los otros solteros damnificados.
El tornado ya está más cerca, se fue la luz y el secador de pelo no quiere encender. Esto sí que es una calamidad.
Foto Original: NOAA
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Verdad o reto. Escribe una escena o historia que incluya un personaje aceptando un reto o revelando un secreto sobre sí mismo.
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