
¿Quieres tener influencia en el mundo? Entonces sé tú mismo.
Eso le dijo una galleta de la fortuna. Que fuera él mismo.
Qué fácil, ¿no? Para la galleta. Ella ya sabe lo que es y para qué sirve. Tiene la certeza de que mientras sea comestible (y quizá ni siquiera eso) y contenga un papelito insospechadamente demoledor, será ella misma.
Además, la galletita se valía de una comunicación unidireccional. Qué sencillo andar por ahí indicándole al mundo cuál sería su futuro y cómo conseguirlo, qué es lo que hay que hacer (¡o ser!) ¿Había manera de discutir con la galleta? ¡No!, ¿verdad?
Cómo se le explicaba a una galleta que dar instrucciones era rápido y fácil, pero que eso de ser uno mismo era más razonable para las estrellas de cine, los CEOs y COOs y CFOs del mundo, o siquiera para la gente que trabaja. No como él, que desde el despido su identidad ya ni podía abarcarse en el contenedor de «gerente de operaciones» que por mucho tiempo le dio confianza. Sin amar su trabajo, por lo menos siempre le daba tema de conversación. Pero era muy dura su nueva situación: titubear e intentar inventarse algo cada vez que alguien nuevo le preguntaba:
―¿Y tú qué haces?
―Nada.
No, no podía responder eso.
Ser sí mismos era también más fácil para la gente con dinero.
Soy una persona que viaja.
Soy una persona espontánea.
Soy una persona que la caga pero siempre consigue escapar de las consecuencias.
El dinero era una increíble herramienta para construirse y mantener una identidad.
Y dígame las personas que tenían una vocación. La superioridad con la que eran ellos mismos sin reservas.
Claro, soy médico porque siempre he querido salvar vidas.
Soy escritor, descifrar lo que significa el mundo para mí es lo más importante.
Todo mi tiempo libre está dedicado a ser voluntario con los bomberos.
Nada de qué avergonzarse. Toda la seguridad para exponer cualquier falta, descuido, atraso; saber amparados sus defectos, sus excentricidades. La facilidad de ser sí mismos con tan solo una palabra, especialmente maravillosa si es comprensible por todos: maestro, filántropo, artista… Claro que serían ellos mismos, para sí mismos y para los demás.
Pero él no hacía nada especial, así que no era nada especial. Ser sí mismo era simplemente ser alguien que existía. Alguien que duerme, come y defeca. Nadie particularmente introvertido ni extrovertido, no demasiado inteligente ni tampoco lo contrario.
Y, la verdad, tampoco tenía ganas de ser un influencia en el mundo. Así que botó el papelito, tomó la galleta y, en un mordisco crujiente, se la comió.
Foto original: charlesdeluvio
Próximo disparador:
Temporada de tornados. Un tornado se está formando y tu personaje está en el peor lugar posible en este momento. ¿Dónde está? ¿Cómo maneja la situación?
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