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La Sra. A visita

Escribe sobre algo que conoces

Una copa de té con una etiqueta que dice: Drink Me.

La Sra. A aparece en casa todos los días. Sí, claro, siempre sin invitación.

Normalmente aparece temprano en la mañana. Abre la puerta de la habitación sin tocar y acerca su rostro al tuyo apenas abres los ojos. Al principio te cuesta reconocerla, hasta que caes en cuenta de que el mundo no se está acabando. Solo es ella que está allí, abarcándolo todo, enturbiando el aire con su aliento rancio. Apoyada en tu cama, te genera urgencia de salir, de pararte de ahí y comenzar con todo lo que tienes que hacer, rápido, ya, pero al mismo tiempo te obstaculiza, te dificulta encontrar la manera de levantarte, se atraviesa en todo lo que haces.

Hay otros días en que tiene la decencia de esperar, por lo menos, a la hora del almuerzo. A veces toca el timbre, se anuncia primero, pero una vez que llega es muy difícil lidiar con su presencia. Es vulgar, quejona, envidiosa, fatalista, maleducada. Todo lo que siempre has intentado no ser, pero si hay algo que ella es, o quiere aparentar ser, es inevitable.

Se sirve té sin pedirte permiso y se sienta a tu lado, muy cerca, su muslo esmirriado haciendo contacto con el tuyo. Se queda callada cuando necesitas respuestas, pero la mayoría del tiempo habla, y habla, y habla. Goza de decirte cosas, y cosas, y cosas. A veces son susurros, casi siempre conjugados en pasado. Muy bajito te habla de esa vez que fallaste, te pregunta qué hubiera pasado si hubieras tomado esa otra decisión, te da ideas ya inútiles sobre algo que pudieras haber dicho en lugar de lo que dijiste, te recuerda las personas que heriste y que te hirieron.

Y a veces le gusta gritar. Se pavonea en una danza apocalíptica y se desgañita, aúlla porque ella no le tiene miedo al futuro, no es mortal como tú, no es débil como tú. Le fascina hacer preguntas. Sabe que las afirmaciones son más fáciles de refutar, pero las preguntas solo siembran duda, sobre todo en las personas inseguras como tú, en las personas que se precian estúpidamente de no tener todas las respuestas, mucho menos soluciones a tantas hipótesis formuladas en condicional. ¿Qué vas a hacer si…? ¿No crees que es posible que…? ¿Ya decidiste si vas a…?

Es desagradable, claro, pero ya te has acostumbrado. Sabes que la Sra. A visita a todo el mundo, o a casi todo el mundo. O por lo menos a casi todo el mundo que conoces. De algún modo te has convencido de que es lo normal o, simplemente, de que en este instante no tienes el tiempo o la energía o las herramientas para impedir sus visitas o echarla de tu casa.

A veces un abrazo resuelve el problema, sobre todo un abrazo largo. Ella se aburre, presiente que ya no es el centro de atención y se va de la casa.

No siempre funciona, pero la mayoría de las veces sí.

Y por el momento eso basta.

Foto original: Morgan Sessions


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